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Realizar consultas médicas a través de un robot puede parecer una forma de atención sanitaria extraña, pero según expertos en robótica, los robots pueden erigirse en dispositivos terapéuticos extremadamente útiles.

 

Se trata de una propuesta surgida del proyecto MOnarCH («Multi-Robot Cognitive Systems Operating in Hospitals»). El consorcio que lo lleva a cabo, coordinado por el Instituto Superior Técnico de Lisboa (IST), consta de nueve empresas y centros de investigación con representación de cinco países europeos que se han propuesto desarrollar e implantar una flota de robots capaces de colaborar con el personal médico e interactuar con los pacientes. El proyecto tendrá un coste cercano a los 4,5 millones de euros, de los que la Unión Europea financia algo más de 3,3 millones.

 

El uso de robots con fines terapéuticos no es una idea totalmente nueva. Algunos investigadores ya estudiaron las ventajas de emplear robots sociales capaces de relacionarse con niños que padecen autismo. Además, en Japón se construyó un robot llamado Paro que, según informes, se ha empleado con éxito para mejorar el estado anímico de ancianos. De hecho, se utilizó en algunos casos para tratar la depresión que sufrían supervivientes al terremoto y posterior tsunami que devastó la costa nororiental del país nipón en marzo de 2011.

 

En el proyecto en cuestión pretenden examinar más a fondo sociedades mixtas de humanos y robots. Principalmente, este proyecto trienal se centrará en niños con cáncer. En lugar de seguir un enfoque bilateral (un robot por paciente), el equipo de MOnarCH pretende desarrollar una flota o comunidad de robots sociales capaces de interactuar con todos los pacientes atendiendo sus diversas necesidades psicológicas.

 

Los científicos del Robotics Lab de la UC3M se encargarán de desarrollar y programar todos los comportamientos de los robots que tengan que ver con la interacción entre robots y humanos. Algunos de estos comportamientos consisten en entablar conversaciones con los usuarios y jugar con los niños, por lo que deberán ser variados y permitir al robot adaptarse a las necesidades de cada individuo con el que se vaya a relacionar.

Para evaluar todas estas acciones y también los retos sociotecnológicos asociados, ya está en marcha un estudio piloto en la planta pediátrica del hospital del Instituto Portugués de Oncología de Lisboa.

 

Tecnológicamente, MOnarCH supone un gran reto al sacar este tipo de robots del laboratorio y llevarlos a un entorno real. Hasta ahora, gran parte de la investigación en robótica social se ha llevado a cabo en entornos muy controlados. «Es novedosa la introducción de un grupo de robots sociales autónomos en un entorno de estas características, y esperamos que el proyecto nos ayude a avanzar en el desarrollo de robots capaces de relacionarse con las personas en situaciones y escenarios complejos», comentó el profesor Miguel Ángel Salichs, responsable del proyecto en la UC3M del departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de esta universidad. «Se pretende avanzar en el desarrollo de robots sociales que se desenvuelvan de forma autónoma durante largos períodos de tiempo sin intervención de sus operadores, algo que no se ha conseguido hasta la fecha en situaciones tan complejas».

 

Fuente: Cordis