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El grupo Geobotánica y Palinología: Aplicaciones al medio Natural de la Universidad de Jaén y vinculado al Campus de Excelencia Internacional Agroalimentario (ceiA3) ha patentado y probado experimentalmente un dispositivo destinado a proteger a los árboles en la fase más frágil de su crecimiento con el objetivo de garantizar la efectividad en las repoblaciones forestales. Antonio García y Juan José Muñoz son los inventores de este instrumento al que denominan la “nodriza” de los árboles y que ya han patentado y probado con éxito.

 

El dispositivo cuenta con varias partes, un depósito de descarga retardada que capta y almacena el agua de la lluvia y la va liberando poco a poco para evitar que el árbol se seque, una especie de malla de sombreo que protege a la planta de la excesiva insolación, de los vientos helados y de otras condiciones meteorológicas y una estructura metálica para proteger a la planta de los animales herbívoros. Según explican los inventores, la combinación de estas partes funciona como una “niñera” que cuida del árbol durante los dos o tres primeros años.

 

“Este sistema ha mostrado una tasa de éxito de aproximadamente un 100% de efectividad, un valor que no se había conseguido nunca antes”, subraya el biólogo Juan José Muñoz, que explica que en los últimos ensayos hechos en cerca de Bailén durante este año todas las encinas protegidas por este dispositivo han sobrevivido en unas condiciones óptimas. Antonio García detalla que están sometiendo a las plantas a muchas pruebas. “Estudiamos la humedad del suelo en la planta a lo largo del año, el crecimiento, el grosor de su tallo, el vigor de sus hojas e incluso usamos termómetros con memoria para conocer las condiciones que genera el dispositivo”, señala el investigador.

 

En los prototipos probados el depósito está elaborado en plástico y cubierto por un plato de cerámica que hace que el dispositivo se llene de agua cuando llueve. Además cuenta con un cono cerámico de riego, que es la pieza clave que hace que el mecanismo vaya liberando el agua muy poco a poco, para no ahogar al árbol a la par que evitar que se seque, es lo que los inventores llaman riego por capilaridad o efecto botijo.

 

Este dispositivo está especialmente dirigido para las dehesas, es decir bosques con una actividad humana y ganadera intensa, por eso el mallado protector de herbívoros es también una parte esencial del artefacto. Y es que la idea es que estos campos puedan seguir utilizándose mientras son repoblados y hasta que los árboles desarrollen su propia autonomía.

Los inventores de este diseño subrayan que la garantía de éxito en una repoblación forestal es un valor esencial a tener en cuenta por los propietarios de estos espacios, así como la posibilidad de que su ganado pueda seguir pastando en el terreno mientras se lleva a cabo dicha repoblación. El siguiente paso es industrializar este dispositivo para que se fabrique en serie y sea más económico y competitivo a nivel empresarial.

 

Fuente: Universidad de Jaén