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Este nuevo número de la Colección Innovación Práctica, Perspectivas de futuro, describe diez retos que el sistema español de innovación debe superar para llegar a ser un soporte de la competitividad de España


Es un hecho bien conocido que la innovación es un factor clave para la competitividad de los países que han alcanzado altos niveles de desarrollo económico, y también que España, cuando se compara con las economías de nuestro entorno, ocupa posiciones retrasadas en ese factor. Por ejemplo, en el trabajo que publica anualmente la Comisión Europea sobre la innovación en los Estados Miembros, nuestro país está en el grupo de los «innovadores moderados», porque su comportamiento innovador está por debajo del de la media de la Unión. Por otro lado, en el Global Innovation Index que elabora INSEAD, España queda muy por detrás de los principales países de la UE y de economías avanzadas, como Estados Unidos, Japón, Australia o Canadá.

 

Esta situación no es de extrañar, pues en España la empresa, principal e imprescindible agente de la innovación, es tradicionalmente menos activa que en otros países europeos y esto es el mayor problema de nuestro sistema de innovación. También, en la comparación internacional, resulta deficiente la contribución del resto de agentes del sistema. Así, por ejemplo, la Universidad española todavía no ha asumido, al nivel de lo que es habitual en Europa, su tercera misión, gracias a la cual su conocimiento contribuye al desarrollo económico y social de su propio entorno, y las administraciones no han conseguido todavía que las leyes y regulaciones no sean un obstáculo para la actividad innovadora.

 

En la actual visión de la innovación, el entorno en el que las empresas deben desarrollar su actividad innovadora, considerado el quinto agente del sistema de innovación, ha cobrado una especial importancia. De nuevo el entorno español no resulta especialmente idóneo. A modo de ejemplos, nuestro sistema educativo está más orientado a la adquisición de conocimiento que a desarrollar las capacidades para aplicarlo y generar valor, nuestra sociedad valora poco la innovación y el espíritu emprendedor, y nuestro sistema financiero se implica poco en iniciativas innovadoras.

 

El papel de la sociedad, y concretamente el del ciudadano, cobra una especial importancia en esta nueva visión de la innovación, razón por la que Cotec presenta estos retos en un lenguaje fácilmente accesible para los no especialistas, pretendiendo contribuir así a que la sociedad española tome una mayor conciencia de su papel tan relevante, para que la calidad del sistema español de innovación llegue cuanto antes al nivel de la media europea.

 

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Fuente: Fundación Cotec