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¿La codificación protege la privacidad o plantea una amenaza para la seguridad? ¿Deparará el futuro más o menos codificación? ¿Qué grado de progreso ha alcanzado esta tecnología?

El debate que contrapone los objetivos de la privacidad y la seguridad está más candente que nunca. ¿Deberían codificarse los mensajes que se mandan a través de dispositivos privados para proteger la privacidad? ¿Pondría esto en peligro la seguridad nacional e internacional? En caso de optar por la codificación, ¿se están implementando las tecnologías pertinentes con la suficiente velocidad como para poner los datos delicados a salvo de los malhechores?

The Guardian publicó la semana pasada que en un informe secreto sobre ciberseguridad procedente del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos se advierte que los equipos informáticos privados y de la administración son vulnerables a ataques en Internet «debido a que las tecnologías de encriptación no se implementan con celeridad suficiente».

Las administraciones no son las únicas entidades a quien inquieta esta situación. Las empresas tecnológicas han respondido a la preocupación de la sociedad por los escándalos de vigilancia masiva aumentando el nivel de codificación. Los sistemas operativos de teléfonos y tabletas más comunes ya ofrecen codificación por defecto.

En paralelo, algunas administraciones solicitan frenar el grado de codificación que aplican las empresas tecnológicas porque temen que los datos no encriptados generen un «espacio de seguridad» en el que los terroristas puedan comunicarse entre sí.

En Science2.0 se amplía la perspectiva repasando la evolución de la seguridad en Internet hasta llegar al actual debate sobre la codificación: «Internet no se diseñó teniendo en cuenta la seguridad y la mayoría de los protocolos utilizados —HTTP, Telnet, FTP, SMTP— emplean texto no cifrado que no es seguro. Las versiones codificadas como HTTPS, SSH, FTPS y la autenticación del correo electrónico las están sustituyendo al añadir una capa de seguridad mediante SSL (Secure Socket Layers). Sin llegar a la perfección, esta solución supone una mejora enorme en un sistema en el que cualquiera puede interceptar un paquete de datos, leerlo e incluso modificar su contenido».

Mientras el debate sigue su curso entre políticos, legisladores, empresas tecnológicas y ciudadanos, los científicos se centran en la investigación de las posibilidades que existen en el ámbito de la codificación. A principios de mes, un equipo de investigadores publicó un estudio en Nature dedicado a un prototipo de disco duro cuántico que podría modificar radicalmente la codificación de datos segura y a larga distancia.

Gizmag informa sobre el trabajo de un equipo de la Universidad Nacional de Australia (ANU) y la Universidad de Otago (Nueva Zelanda) en el que utilizaron átomos de la tierra rara europio incrustados en cristales de ortosilicato de itrio (YSO) para «batir todos los récords anteriores de retención de información cuántica al crear un dispositivo de almacenamiento capaz de mantener información en estado cuántico durante un tiempo de hasta seis horas».

Según se informa en Gizmag, esta investigación podría dar lugar a una red de comunicaciones mundial codificada por medios cuánticos «al proporcionar capacidades de almacenamiento sin precedentes y eliminar los problemas de inestabilidad inherentes a las tecnologías actualmente disponibles». No obstante, el equipo también insiste en que es necesario investigar aún más para demostrar que sus teorías se corresponden con la realidad.

Con independencia del éxito que alcance este método de codificación, el debate sobre las bondades de la codificación de los datos seguirá en marcha. Según Science2.0, el «paso siguiente más lógico» es hacia la codificación de los datos en su lugar de almacenamiento, tanto en la parte del emisor como en la del receptor, en lugar de tan sólo codificarlos durante su transmisión, y que la clave necesaria para descodificar el mensaje la conserven aquellos con derecho a acceder a los archivos.

En Science2.0 insisten en que, al margen del curso del debate político, los argumentos técnicos para eliminar la codificación «simplemente no van a cuajar». «De hecho —se añade—, la tendencia es la opuesta: sustituir la antigua Internet abierta por otra que incorpore la seguridad en su propio diseño. Si se quisiera eliminar la codificación, se descoserían los puntos que mantienen Internet».

Para más información, consulte:
http://www.nature.com/nature/journal/v517/n7533/full/nature14025.html

 

Fuente: Cordis