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Universidades y grupos de investigación andaluces dedican su atención a esta forma de demencia que afecta a más de 50.000 personas en la comunidad


A la búsqueda de los orígenes
La importancia de los cuidadores
Nuevos sistemas para el diagnóstico
Un análisis de la expresión de genes
Una proteína que aumenta la capacidad de memoria
El sistema inmune como desencadenante
Algunas cifras sobre el cuidador

Casi 11 millones de europeos sufrirán Alzheimer y otras formas de demencia en 2040 y más de 110 millones de personas serán víctimas de estos trastornos diez años después. En Andalucía, los afectados por alguna demencia rozan las 102.000 personas y de ellas, en torno a 52.000 sufren Alzheimer. Estas cifras motivan que sean cada vez más las universidades, empresas y grupos de investigación que emplean a fondo todos sus recursos para conocer a fondo esta enfermedad. Unas investigaciones que abordan todas las perspectivas -bases moleculares, orígenes, efectos en los familiares- con el objetivo común de paliar un mal que provoca importantes secuelas de índole social.

 

Se ha cumplido más de un siglo desde que en 1906 Alois Alzheimer presentara en una reunión de psiquiatría germánica el tema denominado ‘Una enfermedad característica de la corteza cerebral’. En ella describía a una paciente llamada Auguste D que mostraba, entre otros síntomas, pérdida de memoria, desorientación en el espacio y el tiempo y trastornos en el lenguaje. Sin embargo, no sería hasta 1910 cuando el cuadro clínico descrito por el psiquiatra y neurólogo alemán tomara de su apellido su denominación actual, gracias a su compatriota y también psiquiatra Emil Kraepelin, que la introduciría en la octava edición de su Manual de Psiquiatría.

 

Muchos han sido los científicos que, desde entonces, han investigado para encontrar las causas de la llamada enfermedad del olvido, y tratar de alcanzar tratamientos que frenen su progresión. Una búsqueda que alcanza hoy, si cabe, más trascendencia, al declararse 2011 como Año Internacional para la Investigación en Azheimer y Enfermedades Neurodegenerativas.

 

Se trata de una iniciativa que nace de la colaboración entre la Fundación Reina Sofía y la Fundación Pascual Maragall. Está apoyada por el Ministerio de Ciencia e Innovación, el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, el Ministerio de Economía y Hacienda, la Fundación Centro de Enfermedades Neurológicas y el Instituto de Salud Carlos III.

El proyecto surge de la necesidad de fomentar la investigación del Alzheimer y enfermedades neurodegenerativas relacionadas, con el fin de avanzar en el conocimiento de sus causas, mejorar el diagnóstico precoz y hallar tratamientos efectivos que permitan reducir el número de personas afectadas. Esta enfermedad, que en su origen es un problema de salud, tiene repercusiones no sólo en la persona afectada y en su familia, sino también en la sociedad y la economía.

 

Actualmente, el Alzheimer es la primera causa de demencia en los países desarrollados y una de las principales causas de mortalidad entre las personas adultas. Y los expertos prevén que el incremento de población afectada puede alcanzar dimensiones epidémicas, debido al aumento de la esperanza de vida y al progresivo envejecimiento de la población. Según el Informe Mundial sobre el Alzheimer 2010, encargado por la federación Alzheimer Disease International, se estima que la cifra de personas afectadas de demencia en todo el planeta asciende a 36 millones, de las que más de 60.000 se encuentran en España.

Además, según esta publicación, los costos mundiales de las demencias en 2010 ya superaron el 1% del PIB mundial y se situaron en 604.000 millones de dólares estadounidenses. El llamado mal del olvido “supone un considerable gasto sanitario y social para la sanidad pública de cualquier país, tanto en especialistas (neurólogos, geriatras y psiquiatras) como en tratamiento y material sanitario (pañales o colchones antiescaras)”, indica en este sentido José Jesús Gázquez Linares, director del Departamento de Psicología Evolutiva de la Universidad de Almería y responsable del grupo de investigación Intervención Psicológica y Médica a lo largo del Ciclo Vital.

 

Características y fases

 

Si se atiende a la demencia senil tipo Alzheimer, en España unas 450.000 personas son víctimas directas de esta enfermedad, según el ‘Estudio prospectivo de las nuevas características y necesidades de los enfermos de Alzheimer en la década 2010/2020 para planificar su correcta asistencia sanitaria. Alzheimer 2010/2020′, de la Fundación Alzheimer España.

 

Esto representa entre un 5 y un 7% de la población mayor de 65 años, porcentaje que llega hasta el 20% cuando se alude a los mayores de 80 años. Para 2050 las predicciones no son halagüeñas, ya que se estima que habrá cerca de un millón y medio de afectados, que llegarán a ser casi un millón para la década 2010-2020.

Los expertos han encontrado hasta tres fases en la enfermedad de Alzheimer. En una primera etapa, las personas con Alzheimer tienden a ser menos enérgicas y espontáneas. Muestran pérdida mínima de la memoria y cambios de humor, y son lentos para aprender y reaccionar. Tienden a aislarse, evitan a la gente y nuevos lugares y prefieren lo familiar. Los individuos se confunden, tienen dificultades para la organización y planificación y se pierden fácilmente.

 

En la segunda etapa, la persona con la enfermedad de Alzheimer se convierte en discapacitada. Los individuos pueden todavía realizar tareas simples independientemente, pero pueden necesitar ayuda con actividades más complicadas. Olvidan los acontecimientos recientes y su historia personal, y cada vez están más desorientados y desconectados de la realidad. Los recuerdos de un pasado lejano pueden ser confusos y mezclarse con el presente, y afectan a la capacidad de la persona para comprender la situación actual, fecha y hora.

 

Por último, durante la fase final, la persona afectada puede perder la capacidad para alimentarse a sí misma, hablar, reconocer a los demás y el control de las funciones corporales. Su memoria se agrava y puede llegar a ser casi inexistente.La atención constante es necesaria. En un estado físico debilitado, el paciente puede llegar a ser vulnerable a otras enfermedades y problemas respiratorios, sobre todo cuando tiene que estar confinado en la cama.

 

Fuente: JUNTA DE ANDALUCIA