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Antaño se creaba hielo disolviendo nitrato de potasio en agua almacenada en botellas de cuello largo que se iban girando. Desde entonces se han propuesto muchas otras técnicas para abastecer la necesidad de conservar fríos los alimentos.

 

Este proceso culminó con las técnicas de refrigeración modernas que posee casi cualquier hogar europeo en forma de nevera o congelador. No obstante, a pesar de su importancia, hasta ahora no existía ningún estudio sistemático del proceso de evolución histórica del frío artificial.

 

Faidra Papanelopoulou, investigadora asociada del Departamento de Historia y Filosofía de la Universidad de Atenas (Grecia), y su supervisor en este mismo centro, Kostas Gavroglu, se propusieron cubrir esta laguna mediante una investigación sobre las dimensiones tecnológicas y culturales del frío artificial a través del proyecto COLDGR («Cold goes south. The emergence of refrigeration technologies in the European south. The case of Greece (late 19th-20th centuries)»).

 

El Dr. Gavroglu es además el editor del libro «History of Artificial Cold, Scientific, Technological and Cultural Issues» (Historia del frío artificial, aspectos científicos, tecnológicos y culturales), en el que se ha publicado el trabajo del proyecto.

 

En su análisis exploraron de qué maneras el desarrollo del transporte y la refrigeración industrial y doméstica modificaron la forma de vivir y alimentarse, especialmente patente en la introducción de los electrodomésticos, que facilitó la preparación y la conservación de alimentos y redujo el tiempo que se dedicaba a estas tareas.

 

Los doctores Papanelopoulou y Gavroglu registraron el progreso de las tecnologías de refrigeración en Grecia desde finales del siglo XIX hasta finales del XX. Evaluaron los paralelismos entre la refrigeración mecánica en Grecia y la industrialización del país al comienzo del siglo XX, el desarrollo de su infraestructura y la aparición de técnicos y sus correspondientes gremios.

 

Su investigación indagó en aspectos sociales y culturales y proporcionó información nueva sobre la opinión que se tenía acerca de los productos frescos y perecederos.

 

Se ha obtenido información copiosa sobre la producción y el empleo de frío artificial desde la década de 1890. Gracias a este proyecto se han ofrecido explicaciones teóricas nuevas, posibilidades sobre las aplicaciones tecnológicas, recuentos de las repercusiones culturales y descripciones de un conjunto fascinante de fenómenos, y también se ha suscitado un mayor interés por las técnicas de frío artificial.

 

Además, este proyecto ha destacado progresos científicos revolucionarios y estudiado el frío artificial y su función en la construcción de nuevos dispositivos informáticos o en la industria europea dedicada a los alimentos congelados, valorada en miles de millones de euros.

 

La Unión Europea aportó 45 000 euros al proyecto COLDGR.

 

Fuente: Cordis