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La Alameda de Sevilla, con su monumento de las dos columnas, es un ejemplo representativo del arte y la cultura renacentistas

 

Un estudio publicado por el profesor de Filología Latina de la Universidad de Sevilla José Solís de los Santos profundiza en las claves culturales del monumento de las columnas de la Alameda de Hércules de Sevilla.

La Alameda de Hércules y su monumento de las dos columnas fue el símbolo más representativo de la asimilación en la ciudad de las ideas e ideales humanistas que campeaban por Europa desde los albores de la Edad Moderna. En el plano político y urbanístico fue uno de los primeros jardines construidos en una ciudad europea para uso y disfrute del común de la población, cuyo bienestar veía incrementado con la conducción de agua potable desde el manantial de la fuente del Arzobispo hasta diversas collaciones de esa parte del vecindario.

En este artículo el profesor Solís traduce y comenta todas sus inscripciones latinas, tanto las que están grabadas en los pedestales de las columnas, como las apócrifas que los eruditos locales dieron por auténticas. Todos estos epígrafes y demás elementos ornamentales respondían a un programa iconográfico ideado por los humanistas del círculo poético de Fernando de Herrera (1534-1597), principalmente, quien los escribió, Francisco Pacheco (1535-1599), según demuestra este estudio.

Al mismo tiempo, indaga el probable origen del mito de la fundación de la antigua Híspalis por Hércules a través de la interpretación que dieron historiadores medievales y renacentistas (Rasis, Alfonso X, Valera, Peraza) a los más evidentes restos romanos de la ciudad, seis enormes columnas de granito que se conservaban entonces en la collación de San Nicolás, dos de las cuales se reutilizarían en dicho monumento. Para el traslado de las columnas desde la actual calle Mármoles hasta la explanada de la antigua Laguna de la Feria, el conde de Barajas, asistente de la ciudad, organizó en 1574 una obra de ingeniería que se anticipaba en doce años a la erección del obelisco egipcio en la plaza de San Pedro por el papa Sixto V, en un análogo aprovechamiento de los restos de la ornamentación urbana de la Roma clásica.

 

Más información: http://bit.ly/TvFAjh

 

Fuente: Universidad de Sevilla