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Los expertos usan técnicas neurocientíficas para conocer la respuesta de la mente ante la toma de decisiones importantes o la recompensa emocional de un nuevo producto en el consumidor.

 

Un grupo de científicos de la Universidad Pablo de Olavide, liderados por el catedrático David Naranjo Gil, ha puesto en marcha un laboratorio experimental que utiliza técnicas ligadas a la neurociencia para resolver los enigmas de la gestión empresarial. Esta iniciativa, pionera en España en el ámbito universitario, ofrece a las organizaciones la posibilidad de predecir el impacto emocional de un nuevo producto o la aceptación de un determinado mensaje en el consumidor. Pero estos expertos buscan ir más allá. En experimentos recientes están analizando otras cuestiones de calado, como el efecto de la parte racional y el lado más emocional de la mente en la toma de decisiones, la iniciativa empresarial o la aversión al riesgo.

 

“Gran parte de la investigación hasta los 90 se ha basado en que actuamos como seres racionales dentro de las organizaciones. Pero esto no es realmente así, muchas veces sobresale el instinto o la emoción, hasta el punto en el que hay muchas excepciones a esa regla de racionalidad”, señala Naranjo. Este investigador ha estado trabajando junto a su grupo durante los últimos años en el origen de los comportamientos disfuncionales ligados a la toma de decisiones económicas. Las técnicas neurocientíficas les permiten ahora dar una mejor respuesta a la siguiente pregunta: ¿qué pesa más en una decisión, la educación y experiencia o la predisposición biológica?

 

El Laboratorio de Neuromanagement, como han bautizado estos científicos su proyecto, es capaz de medir este conflicto interior y saltar los filtros sociales que se imponen en las respuestas que un individuo utiliza ante determinadas pruebas. “No siempre nos mostramos del todo sinceros ante un test, podemos estar intentando agradar al entrevistador dando una respuesta social a lo que realmente pensamos o sentimos, de modo que ofrecemos información sesgada”, apunta el investigador. La neurociencia permite detectar qué parte del cerebro, racional o emocional, se activa lo que, ligado a otras técnicas que miden elementos como la reacción fisiológica del organismo, facilita conocer la respuesta real del sujeto.

 

Una aplicación práctica de estos recursos se está llevando a cabo en un proyecto junto a investigadores holandeses. La cuestión a resolver es clara: ¿puede ser un auditor de empresa totalmente independiente en su trabajo? “Hemos visto en esta crisis cómo hay personas que han auditado cuentas y, aún sabiendo que no estaban bien, no han actuado”, apunta Naranjo. Para este investigador, las relaciones que se presuponen asépticas e independientes en tareas como ésta se ven influenciadas por diversos factores emocionales, por ejemplo que la empresa auditada sea de un familiar o de un amigo, que el empresario pasa por una situación difícil… “Al final, la parte del cerebro que toma la decisión es la emocional y no la racional en estas circunstancias. Es bueno conocer esto para que los profesionales puedan ejercer su oficio correctamente, evitando actuar en estas situaciones”, apunta.

 

Ser emprendedor está en la punta de los dedos.

 

La neurociencia es, pese a sus beneficios, intrusiva de cara al individuo. Por ello, en el Laboratorio de Neuromanagement complementan estas técnicas con otras como los medidores galvanométricos, o los marcadores físicos como, por ejemplo, la ratio entre los dedos índices y anular. “Enséñame la mano y te diré si tienes o no madera de emprendedor”, bromea David Naranjo. Según señala este catedrático, “la biología nos ha enseñado y demostrado que la relación entre la longitud de los dedos índice y anular son un reflejo del nivel de testosterona al que hemos estado expuestos durante la gestación”. Este indicador ha sido relacionado con éxito con habilidades cognitivas o con el rendimiento físico. Ahora, estos expertos de la Pablo de Olavide quieren ver hasta qué punto estos niveles están relacionados con actitudes como la iniciativa, la creatividad o la aversión al riesgo. Para ello tienen como objeto de estudio un público muy concreto: los jóvenes emprendedores.

 

En su experimento, aún en fase primaria, los investigadores combinan aspectos biológicos, psico-cognitivos y neuronales para analizar el carácter emprendedor de las personas.. Tomando como referente a estudiantes universitarios tanto de grado como de máster, pretenden relacionar la predisposición genética a tomar iniciativas y asumir riesgos, con aspectos concretos de la formación que reciben los emprendedores. “Actualmente todo el mundo recibe la misma formación, pero hay muchas personas que se aburren porque reciben una información que internamente ya saben. No se les estimula en absoluto para que aprovechen su potencial”, observa Naranjo.

 

Una vez evaluada la predisposición a ser emprendedor a través del escáner de la mano, el siguiente paso será aplicar la neurociencia para conocer cuánto se activa el cerebro del emprendedor, ver cómo reacciona la parte creativa y de innovación. “Nuestro objetivo es establecer un nivel base del carácter emprendedor, ver qué refuerzos requieres de modo que cada persona reciba la formación más adecuada a sus necesidades. No se trata de seleccionar, sino de ofrecer a todos la oportunidad de desarrollar su potencial y de minimizar sus carencias” concluye el catedrático.

 

Fuente: Universidad Pablo de Olavide